domingo, 25 de marzo de 2012

Teseo y el Minotauro

Teseo, versión de Robert Graves.
Androgeo de Creta, hijo del rey Minos, gana todas las competiciones atléticas en Atenas: carreras, boxeo, salto, lucha, lanzamiento de disco. A los sobrinos de Egeo esto no les hace ninguna gracia, así que lo acusan de conspirar por el trono y lo matan. Minos protesta airadamente ante los dioses del Olimpo. Éstos le ordenan a Egeo que cada nueve años envíe siete chicos y siete chicas de Atenas para que sean devorados por el Minotauro de Creta. El Minotauro - medio toro y medio hombre - vive en el centro de un laberinto circular construido por Dédalo. Un laberinto cuyos recovecos el Minotauro conoce de memoria. En esto, los atenientes, que ya estaban enfadafos con Teseo por una refriega anterior, lo escogen en el selecto grupo que se va a zampar el Minotauro. Teseo está contento porque ha decidido matar al Minotauro.
Ariadna, hija de Minos, se enamora de Teseo. En realidad nunca lo ha visto, pero Afrodita se ha metido en la historia y ha conseguido que eso suceda. Ariadna visita a Teseo en la prisión, antes de que éste acuda al laberinto. El plan es el siguiente: ella tiene un ovillo mágico que le dio Dédalo antes de largarse de Creta. Si atan el cabo suelto en la puerta del laberinto, éste rodará mágicamente hasta el claro que está en el centro del laberinto. Ahí está el Minotauro. El Minotauro solamente duerme una hora al día, cerca de la medianoche. Teseo con la ayuda del hilo consigue llegar al centro del laberinto, donde está durmiendo el Minotauro y le corta la cabeza. Ariadna libera a los otros/as cautivos/as atenienses. Agujerean los barcos de la flota cretense y huyen en un barco.

Corolario: Teseo es un cutre. Que me perdone la gélida Academia, pero no se me ocurre otro adjetivo.



Los Reyes, Julio Cortázar.
Aquí Ariadna siente piedad por su hermano Minotauro. Cuando éste se entera que Ariadna le entregó el ovillo a Teseo se siente traicionado o poco amado o algo que no es lo uno ni lo otro pero que es mucho peor y se deja matar. En escenas anteriores Ariadna se sentía mal por haber vendido a su hermano.
Según declaraciones del propio Cortázar el Minotauro vivía muy feliz en el laberinto, con su huéspedes. Un anfitrión ejemplar, por lo visto, el Minotauro este. Hasta que llega Teseo, que es el defensor del orden establecido, y lo mata. El Minotauro es una anacoreta, un poeta o un monje. Teseo es un matón con ínfulas de héroe. ¿Y Ariadna? Ariadna no se sabe ni lo que es.




La casa de Asterión, Borges.
Asterión vive en una casa con infinitas puertas, con infnitos pasillos. Todas las puertas están abiertas pero Asterión nunca sale. Su palacio es un mundo. Es el mundo. ¿Su mayor patrimonio? La soledad. No sabe leer. Pero se entretiene jugando. ¿Su juego preferido? Mostrarle la casa a otro Asterión que viene a visitarle. Cada nueve años entran en la casa nueve hombres para que Asterión los libere de todo mal. Mueren en el palacio, sin que Asterión los toque. Se caen y les suceden otras cosas todavía más espantosas. Asterión no tiene ni idea de quienes son. Uno de esos hombres dijo antes de morir que algún día llegaría el redentor de Asterión. Y Asterión espera a su redentor con la esperanza de que le lleve a un lugar con menos puertas, con menos galerías. Pero no sabe si su redentor es un hombre o un toro o un toro con cara de hombre. Y las últimas frases, que habría que subrayar con sangre o escribirlas en los muros de todas las metrópolis de Occidente, rezan:

- ¿Lo creerás, Ariadna? -dijo Teseo-. El minotauro apenas se defendió.

Obviamente Asterión es el Minotauro, su palacio es el laberinto circular y Borges es un genio.

Pero lo que me interesa es eso: el minotauro apenas se defendió. Fue abatido sin oponer resistencia. La única redención que halló fue la muerte. A Roque Dalton también lo mataron mientras dormía, porque era poeta. ¿Era Roque Daltón un Minotauro? ¿Es el Minotauro un poeta? ¿La historia se repite?

Apenas se defendió. ¿Nos defenderemos nosotros? ¿Quién no salvará del fuego? ¿Teseo? No tengo ni idea. De todas maneras solamente la imaginación puede sacarnos del laberinto circular. Un laberinto que es una llanura, un páramo, un erial.

¿Acaso existe mayor laberinto que el desierto?

domingo, 11 de marzo de 2012

Instrucciones para triunfar

Conviértete en un exitoso profesional, con un sueldo que quita el hipo y que pasa sus horas de ocio idiotizado ante el televisor o delante de la pantalla de su nuevo móvil de última generación.

No pierdas el tiempo con drogas, con viajes a ninguna parte, con música triste, con libros y con pelis profundas. Tómate una cerveza de vez en cuando con tus compañeros de oficina. Viaja a lugares exóticos, de los que no verás nada, para relajarte. Olvida el estrés con el antídoto de tu pulsera all included. Escucha música de ritmo machacón y de rabiosa actualidad. No escuches a carrozas perturbados por las psicodelia imperante en aquellos tiempos pasados. El jazz es demasiado cerebral, sólo sirve para vacilar. Aprende dos o tres nombres y algún álbum para impresionar al personal. Entre nosotros: Coltrane es un coñazo. Lee best-sellers, evita a los escritores suicidas, esos tíos son problemáticos. Literatura de entretenimiento y consumo fácil: masticar es de capullos. Prueba con un thriller histórico, te evadirá. La poesía es evidentemente la más estéril de todas las actividades humanas. En cuanto al cine, ya sabes, películas sencillas que puedas olvidar al día siguiente. El cine de autor solo sirve para aparentar ser un tío culto. Di que vas a los cines subtitulados y pensarán que eres un ser profundamente sensible. Eso con las tías es mano de santo.

No tengas sueños, ten ambiciones.
Haz yoga y come sano.
Así es como funcionan las cosas: encuentra el compromiso entre no pensar demasiado y que los demás crean que sí lo haces.
Es el secreto del éxito.

Vincent Guerrero

domingo, 4 de marzo de 2012

El poeta asesinado: el guanaco Roque Dalton

La tragedia del poeta asesinado se ha repetido bajo todas las formas posibles, en cualquier lugar del mundo. Poetas fusilados, apaleados por una turba cegada por el fatanismo (como tan bien expresa Apollinaire), poetas muertos en los campos de batalla de la historia humana. El asesinato de Roque Dalton aúna toda la tragedia del mito del poeta asesinado. Esta vez hundido en el légamo de la izquierda latinoamericana. Una izquierda que, en algunas latitudes, se emborrachó de todo el fanatismo de la izquierda mundial, reinterpretándolo con su habitual exceso.
A Roque Dalton lo asesinaron sus propios compañeros del Ejército Revolucionario del Pueblo un 10 de mayo de 1975, que más tarde se integraría en el ahora gobernante FMLN, en aquel Salvador que se había convertido en un minúsculo Vietnam de América. Por qué o cómo le mataron no lo sabemos. Obviamente tampoco hay restos de Roque Dalton. Es un desaparecido más en un continente lleno de fantasmas. Le acusaron de espía gringo, de espía cubano, de insubordinación. Qué importa. Otros dicen que fue un asunto de envidia literaria. Tal vez un buen poeta asesinado por poetas mediocres o incluso infames. Le citaron en un piso de El Salvador y le dispararon. Quizá fue en la selva. Alguno dice que lo mataron mientras dormía porque era poeta y ser acuchillado en mitad del sueño es una muerte honorable, para un poeta se entiende. Los responsables de su asesinato están en el actual gobierno de Funes. Todavía no han contado como fue.Ahora participan en los homenajes al gran poeta de El Salvador.
Antes de eso estudió Derecho en Chile y en El Salvador. Viajó a la URSS para participar en el Festival Mundial de la Juventud. Entabló amistad con Carlos Fonseca (Fundador del Frente Sandinista), con el poeta argentino Juan Gelman, con el poeta guatemalteco y Premio Nobel Miguel Ángel Asturias, con el poeta turco Nazim Hikmet. Viajó y vivió temporadas en Cuba, México, la Unión Soviética, Corea del Norte, Checoslovaquia. Fue la voz más influyente de la Generación Comprometida. Se unió a la guerrilla. Y escribió poemas. Poemas buenos y necesarios. También teatro, ensayos y narrativa, como la novela "Pobrecito poeta que era yo". Y un 10 de mayo de 1975 se encontró con sus hermanos en el limbo de los poetas asesinados. Todos. Del más infame al más brillante.
Ahora pertenece a los lectores de poesía y al pueblo salvadoreño. A sus compatriotas les escribió este poema de amor que los salvadoreños, especialmente aquellos que están lejos, han abrazado como himno verdadero, no sé si de la patria, pero sí de algo mucho menos inasible: ser salvadoreño.


POEMA DE AMOR
Los que ampliaron el Canal de Panamá
(y fueron clasificados como "silver roll" y no como "gold roll"),
los que repararon la flota del Pacífico
en las bases de California,
los que se pudrieron en la cárceles de Guatemala,
México, Honduras, Nicaragua,
por ladrones, por contrabandistas, por estafadores,
por hambrientos,
los siempre sospechosos de todo
("me permito remitirle al interfecto
por esquinero sospechoso
y con el agravante de ser salvadoreño"),
las que llenaron los bares y los burdeles
de todos los puertos y las capitales de la zona
("La gruta azul", "El Calzoncito", "Happyland"),
los sembradores de maíz en plena selva extranjera,
los reyes de la página roja,
los que nunca sabe nadie de dónde son,
los mejores artesanos del mundo,
los que fueron cosidos a balazos al cruzar la frontera,
los que murieron de paludismo
o de las picadas del escorpión o de la barba amarilla
en el infierno de las bananeras,
los que lloraran borrachos por el himno nacional
bajo el ciclón del Pacífico o la nieve del norte,
los arrimados, los mendigos, los marihuaneros,
los guanacos hijos de la gran puta,
los que apenitas pudieron regresar,
los que tuvieron un poco más de suerte,
los eternos indocumentados,
los hacelotodo, los vendelotodo, los comelotodo,
los primeros en sacar el cuchillo,
los tristes más tristes del mundo,
mis compatriotas,
mis hermanos.

Julio Cortázar recita el poema Alta hora de la noche, de Roque Dalton.


martes, 21 de febrero de 2012

He visto detectives rabiosos en las calles de Barcelona

Llevo tiempo queriendo escribir algo sobre Roberto Bolaño. Nada de referencias oblicuas a su universo, citas veladas o demás muestras de orfebrería paraliteraria. Un homenaje puro y duro. Uno más. El mío. 

La dimensión de la obra es tan colosal que asusta enfrentarse a ella en tan poco espacio. El caso es que Roberto Bolaño es uno de los escritores en español más importantes de nuestro tiempo y probablemente en cualquier otra lengua. Suena a hipérbole. A provocación. A abismo. A Roberto Bolaño hablando de Georges Perec. Pero es así. No sé como justificarlo, simplemente sé que es así. 
Los gringos, hábiles constructores de mitos, han puesto de moda el icono Bolaño. La mercadotecnia Bolaño. Es decir, Roberto Bolaño como el Jack Kerouac o el Jim Morrison de la literatura latinoamericana (el malditismo). Un joven al límite, cruzando Latinoamérica de Norte a Sur (Diarios de motocicleta al revés), la vanguardia más extrema en el DF, un sudaca en España y un escritor consagrado en un pueblo de veraneo en la Costa Brava. Escribiendo contra todos (escribiendo poesía en el país de los imbéciles), bajo cualquier circunstancia y emergiendo victorioso contra todo pronóstico, para luego morir en la orilla, víctima de una biología vengativa. Otra lectura espantosa de Bolaño, como dice Ignacio Echeverría, es adoptar toda esa historia para luego afirmar que Bolaño, de mayor, se hizo escritor en la tranquilidad pequeñoburguesa, contando sus batallitas de juventud. No existe lectura más reaccionaria de Bolaño. 

Roberto Bolaño fue un joven salvaje. Probablemente en algún momento encontró una cierta estabilidad que le ayudó a escribir. No lo sé. No me apetece especular, ni sé muy bien qué es exactamente la estabilidad, ni quién es uno para juzgar la situación de otro ser humano como estable. Solamente sé que su escritura nunca fue domada.

Se puede entrar a la obra de Bolaño por muchas puertas distintas. Los detectives salvajes suele ser la más habitual. Yo entré gracias a Llamadas telefónicas en un momento en que intentaba aprender a escribir cuentos. Vivía en Francia y no podía llevarme demasiados libros. La apuesta me salió bien. Los cuentos de Bolaño son excelentes. Extrañamente clásicos y contemporáneos a la vez; contienen todo su universo. Son como cápsulas comprimidas con todas sus obsesiones y una prosa capaz de contonsionarse sobre sí misma desafiando toda anatomía. El gaucho insufrible y Putas asesinas también golpean abajo, directos al estómago. Luego vino todo lo demás. La novela Los detectives salvajes, cuya lectura agitan hoy en día tantos jóvenes latinoamericanos que sueñan con ser escritores algún día, como en su día otra generación agitó Rayuela, tiene esa maravillosa virtud, tan de Bolaño: exudar romanticismo sonando distinto, sin lugares comunes, con un lirismo tan directo, tan parriano que sobrecoge. Al leerlo te dan ganas de ponerte a escribir. La nueva gran novela mexicana escrita por un chileno. El caso es que deja atrás de una vez por todas las florituras del realismo mágico, su Latinoamérica ahistóricamente exótica, que había derivado, después de tanta pirueta, en una cierta cursilería. La nueva imagen es el desierto. La intemperie. La metrópoli (el DF) por donde caminan los detectives-poetas Arturo Belano y Ulises Lima, habiendo heredado la derrota de todas las utopías menos la utopía de la poesía (nos dormimos soñando y nos despertamos gritando de horror), amando, enfrentándose a la literatura oficial, a la izquierda oficial. Y luego, viajando al norte. Siempre al Norte por una alargada carretera, hacia los grandes espacios abiertos, hacia los  desiertos infinitos. Esa intemperie, esos yermos desterritorializados que expresan mejor que nada la esencia de América y todos sus fantasmas. Primero tierra de sueños y después del horror. Mucho Rulfo, muchísimo Rulfo. 2666 ya es de locos. Escrita con un pie en la tumba, como en toda su obra Bolaño disecciona el mal. El mal que también somos nosotros, nuestra indiferencia. El mal al que nos acostumbramos como ruido de fondo. Y Europa y América y siempre la literatura. Siempre México. Santa Teresa (Ciudad Juárez) es la epifanía de todos nuestros horrores. Podría incluso haber una evolución en la simbología de Bolaño: el desierto es más árido, más brutal, ya no es el territorio de los sueños. Ya no se esconde en él una hechicera-poetisa, sino la espalda del mundo. Todo eso con la prosa de Bolaño que, insisto, es única. Hay otra cosa fundamental en Bolaño y muy necesaria en la literatura en español: su sentido del humor. Es fino y ácido: desarma. En una literatura en que el sentido del humor goza de mala reputación a causa de un grotesco sentido de lo trascendental, por no hablar del tremendismo, siempre hacen falta los Quevedo, los Parra, los Valle-Inclán, los Cortázar, los Bolaño para hacernos reír a tiempo antes del Apocalipsis o que éste nos coja riendo a carcajadas, con un libro entre las manos. La literatura nazi en América es desternillante, a la vez que terrorífico. Asusta pensar que el mal pueda enternecernos tanto, que las vidas de los infames puedan resultar tan divertidas en su esperpento. Ya lo he dicho, hay tanto y tan poco espacio. Y antes de acabar quiero decir algo de su poesía. En Bolaño el poeta-narrador es uno, aunque suene obvio. Su poesía, poco conocida, es necesaria y sorprendente. En la línea de Parra, de Lihn, de Pimentel (del que ya hablé en el post de Ave Soul). El road-poem Los Neochilenos contiene toda la épica bolañiana. Una suerte de mini-detectives salvajes. Y hay muchos otros. La poesía de Bolaño, fuertemente narrativa, está salpicada de personajes, de narraciones donde se funden la ficción y la autobiografía. Al leer su antología La Universidad Desconocida me sentí más cerca que nunca del hombre. Sus poemas de la época de Barcelona, a finales de los 70, cuando vivía en la calle Tallers, oscilan entre la belleza y la desesperanza en permanente tensión. 

Un puente de besos sobre los abismos de la memoria

La obra de Bolaño dialoga consigo misma. Una obra definitivamente fractal, total. A veces uno piensa que estamos todos un poco bolañizados (eso es muy de Fresán) y a uno le empiezan a suceder cosas que parecen propias de un cuento de Bolaño y se pregunta si no estará moviéndose dentro de uno. 

Para liquidar la cuestión de las posibles lecturas de Bolaño quiero añadir que concuerdo con Ignacio Echeverría en que existe una lectura muy política de su obra. Sin necesidad de autoproclamarse como comprometida ni chorradas por el estilo ni de escribir arduas novelas naturalistas, nos avisa que el mal puede ser divertido, entrañable, sensible, culto y tener, incluso, el talento artístico de su lado. También puede ser despiadado e invisible. Y las dos cosas al mismo tiempo. Y los detectives o los policías judiciales pueden acabar completamente desconcertados y ser incapaces de resolver el caso. La vida no siempre acaba como las novelas negras de mala calidad. Asusta, pero es así. El maniqueismo es una ficción bastante mediocre. También nos muestra la literatura como experiencia total, con sus hechizos y sus basureros. Sin olvidar sus injusticias, incluidas las de su historia: el olvido de Roberto Arlt por ejemplo. Lo mismo es aplicable a todos los ámbitos de la vida. 

Como decía él: el ser humano es un ser condenado a la derrota, a una derrota incondicional, pero creo en el poder lenitivo de la literatura.

He visto detectives rabiosos en las calles de Barcelona. Andaban por los portales del Barrio Chino, resguardándose de la lluvia.
Caminaban amando.

Hasta siempre Ulises Lima y Arturo Belano.

Dejo este fragmento del poema Porque escribí de Enrique Lihn, poeta tan admirado por Bolaño:

Porque escribí no estuve en casa del verdugo
ni me dejé llevar por el amor a Dios
ni acepté que los hombres fueran dioses
ni me hice desear como escribiente
ni la pobreza me pareció atroz
ni el poder una cosa desable
ni me lavé ni me ensucié las manos
ni fueron vírgenes mis mejores amigas
ni tuve como amigo a un fariseo
ni a pesar de la cólera
quise desbaratar a mi enemigo.

Pero escribí y me muero por mi cuenta,
porque escribí porque escribí estoy vivo.
 





sábado, 31 de diciembre de 2011

Otra vez ese jodido Bukowski

Hace muchos meses yo mismo escribí en este confuso proyecto de blog: Los cuentos de Bukowski son auténticos, sus novelas algo cargantes. Su poesía es infumable. En primer lugar quiero decir que siempre he sentido cierta simpatía hacia Bukowski, independientemente de que me gustaran más o menos sus libros. Principalmente porque Bukowski pudo ser muchas cosas en su vida, pero nunca fue un hijo de puta que vivía de una beca (Juan Mal-herido dixit). Así es, el tipo se arrastró por todas las cloacas, sacando pasta de debajo de las baldosas para pagar el alquiler, comprar cerveza y seguir escribiendo. Nada que ver con esos mierdas que siempre están en el sitio justo, en el momento justo. De hecho Bukowski nunca estaba en el sitio justo: llegaba demasiado tarde o estaba en el hipódromo o sentado chupando una cerveza con la mirada ensimismada en la pared. Un poeta, supongo. 



poco importa

poco amor
o poca vida
no es tan malo

lo que cuenta 
es observar las paredes
yo nací para eso

nací para robar rosas de las avenidas de la muerte.

El tema de Bukowski es peliagudo. En muchos círculos literarios está mal visto reconocer que te gusta o que lees a Bukowski. Estoy seguro de que muchos de esos que tanto le denostan se han reído a carcajadas, encerrados en su cuartucho, con alguno de sus relatos. Otros le imitan. En otros círculos, aunque más bien son elipses, Bukowski está de moda. Esto resulta casi tan cómico como lo primero. Un malditismo pop. Bukowski se reiría de ellos (sus pinturas no serían tan valiosas /ahora/ si no se hubiera/ cortado la oreja/ usado ese trapo alrededor de la cabeza/ y luego matado/ entre los tallos de maíz). Charles Bukowski tuvo un padre de mierda que le zurraba en lugar de buscar un empleo, su fuerte acné le convirtió en un monstruo sin amigos en el colegio y, para más inri, era de origen polaco. Nadie en su sano juicio quería ser medio polaco en el Nuevo Mundo. Solamente hay que recordar al enfurecido Stanley, de Un tranvía llamado deseo, gritando: ¡No me llaméis polaco! ¡No soy polaco! ¡Nací aquí y soy americano como vosotros! No me extraña. Irlandeses y polacos: la última escoria blanca del Nuevo Mundo y eso lo sabían en cualquier rincón de la América polvorienta. Por eso da tanta risa que la gente imite, no ya su estilo literario, sino su mismo personaje, su yo poético. En Malasaña hay incluso un bar que se llama Bukowski Club. No sé que día de la semana hacen lecturas poéticas. Van tíos (también alguna tía, pero la mayoría son tíos) a declamar sus poemas y se fuman medio paquete con gran dramatismo y se pimplan no sé cuántas cervezas y se creen que la poesía es eso. Mala literatura. Entonces descubres, como diría Bukowski, que el mundo no es gran cosa y que algo no funciona en todo este asunto de la poesía, donde hay gente dispuesta a entregar sus órganos a la causa, sin ofrecer a cambio un buen poema. 



y una vez en una fiesta lo amenacé con trompearlo y 
yo estaba estaba borracho y él lloró y 
me dio pena y a cambio golpeé al próximo poeta que pasó
con su botella de pis en la cabeza; o sea
nos entendimos después de todo. 



Últimamente he vuelto a la poesía de Bukowski, también a algunos de sus primeros relatos. Sobre sus relatos sigo pensando lo mismo: son auténticos, inconfundibles. Eso ya es suficiente para considerarle un buen escritor. Bukowski era valiente y eso es más importante en literatura que el propio talento. No son especialmente innovadores y todos se parecen muchísimo estilísticamente pero ¿y qué? No había demasiada distancia entre lo que escribía y su vida. Eran la misma cosa: escribir era algo que hacía entre cerveza y cerveza y las interminables tardes en el hipódromo, de vez en cuando se le ocurría o le sucedía algo y lo escribía, así, como te lo explicaría a ti en un bar de Los Ángeles. Sus novelas son esencialmente  una sucesión de relatos encadenados protagonizados por un mismo personaje, normalmente Herny Chinaski, o sea él. Quizá ni siquiera pueda hablarse de novela, no hay trama, ni cruce de historias, ni estructura, es un largo relato, un río; con putas, borrachos, lecturas de poesía underground, resacas, cerveza, mujeres de todas las condiciones y de pronto (y ahí está la poesía de Bukowski) momentos de una lucidez o de un humor que desarman al lector. Todo lo demás es accesorio, es el decorado, lo importante, para lo que se escribe, es para esos momentos en que Bukowski suelta algo que es verdad y te ríes o lloras según como lo exprese. De pronto detrás de toda su brutalidad y de su olímpica desidia, se muestra humano, demasiado humano y capaz de comprender a toda la raza en su derrota, de ser su voz más cínica. Ahora me he dado cuenta, releyendo su poesía. Fuertemente narrativos, sus poemas, son historias, momentos de reflexión; sin ningún tipo de andamiaje lírico, tan desnudos que asustan, pero de pronto se incendian y se vuelven pura fuerza. Bukowski se consideraba, ante todo, un poeta y con razón. Así que rectifico mi afirmación. No sé si Charles Bukowski es buen poeta.
O un gran poeta.
No tengo ni idea. Escribía peor que muchos, eso está claro.
Y diferente a todos. Era él. Pero supongo que era un poeta necesario y eso es lo mejor que puede decirse de un poeta.
Creo. 


Os dejo un poema suyo:



Consejo amistoso a un montón de jóvenes:

Id al Tíbet
montad en camello.
leed la Biblia
teñid vuestros zapatos de azul.
dejaos la barba.
dad la vuelta al mundo en una canoa de papel
suscribios al Saturday Evening Post
Masticad sólo por el lado izquierdo de la boca
casaos con una mujer que tenga una sola pierna y afeitaos con navaja

y grabad vuestro nombre en el brazo de ella

lavaos los dientes con gasolina
dormid todo el día y trepad a los árboles por la noche.
sed monjes y bebed perdigones y cerveza.
mantened la cabeza bajo el agua y tocad el violín
bailad la danza del vientre delante de velas rosas
matad a vuestro perro
presentaos al Alcalde
vivid en un barril
partíos la cabeza con un hacha
plantad tulipanes bajo la lluvia.


Pero no escribáis poesía.


 

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Poema de amor a una chica que hacía striptease, Charles Bukowski


hace 50 años yo miraba a las chicas
que se desnudaban y contoneaban
en el Burbank y en el Follies
y era muy deprimente
y muy dramático,
la luz iba cambiando del verde al
púrpura y al rosa
y la música era fuerte y
vibrante,
ahora estoy aquí sentado esta noche
fumando y
escuchando música
clásica
pero aún recuerdo algunos
nombres: Darlene, Candy, Jeanette
y Rosalie.

Rosalie era
la mejor, sabía cómo hacerlo
y nos revolvíamos en los asientos y
rugíamos
cuando Rosalie brindaba magia
a los solitarios
hace ya tanto tiempo.

y ahora, Rosalie,
estarás muy vieja o
muy quieta bajo
tierra,
yo soy aquel chico
con la cara llena de granos
que mentía sobre su edad
sólo para poder
verte.

eres buena, Rosalie
en 1935
suficientemente buena como para recordarte
ahora
que la luz es amarilla
y las noches son
lentas.

 Charles Bukowski